Boletín informativo No. 1

Fundación WWB Colombia

Agosto de 2026


Radiografía de la emergencia

Impactos y necesidades de la población emprendedora tras el sismo de 2026

Vista aérea de Cali, Colombia
0
Personas beneficiarias encuestadas: 86,7% mujeres y 13,2% hombres
0,0%
de los negocios no operaba con normalidad al momento de responder la encuesta
0,0%
de las personas encuestadas se declara un poco alterada o muy afectada emocionalmente
0,0%
de los hogares reporta una limitación alta o moderada para cubrir gastos básicos
Resumen ejecutivo Presiona para expandir

El sismo de magnitud 7,4 del 10 de agosto de 2026 en el suroccidente colombiano afectó a 282.709 personas (UNGRD, corte 20 de agosto), con 319 fallecidos, 4.506 heridos y 260 desaparecidos. Asimismo, afectó gravemente el tejido microempresarial de Valle del Cauca, Risaralda, Chocó y Cauca, zona que coincide con la base de beneficiarias de la Fundación WWB Colombia. A nivel de afectación de micronegocios en estos territorios, Confecámaras realizó el Censo Único de Emergencia y encontró que el 85,8% de las empresas reportó afectación, 49,6% en nivel grave/crítico, y 48,4% no puede operar.

Para determinar de una manera más precisa las afectaciones, y orientar de manera más efectiva sus acciones de respuesta a la emergencia, la Fundación encuestó a 3.906 beneficiarias de sus iniciativas de emprendimiento sobre salud, vivienda, servicios básicos, seguridad alimentaria, alojamiento, negocio y necesidades de recuperación, con 76,1% de presencia en el Valle del Cauca (Cali 37,1%, Buenaventura 9,4%, Palmira 5,6%).

Conocer el estado actual de los negocios constituye un reto urgente ya que por experiencia propia y con base en información disponible, hemos observado que en más del 70% de los casos, el emprendimiento constituye la base fundamental del ingreso de los hogares, por ende, la restauración de la capacidad productiva basada en el emprendimiento, redunda en el bienestar de las familias. Condición particularmente necesaria en un escenario de respuesta ante la emergencia sufrida.

Sin embargo, conviene aclarar que esta encuesta no constituye un ejercicio de muestreo probabilístico ni representativo del universo de beneficiarias, sino que corresponde a análisis descriptivos sobre los registros admnistrativos recolectados por la Fundación entre quienes respondieron. Los registros administrativos de la Fundación contemplan un 80% por mujeres beneficiarias. Estos resultados se comparten como orientación y base para enriquecer el análisis y no pretenden ser una conclusión extrapolable per se del universo, pero muestran indicios que consideramos importantes a la hora de determinar cursos de acción.

El hallazgo principal: El 76,2% de los negocios no está operando con normalidad. La parálisis vino de la contracción de la demanda sobre unidades de subsistencia que en su mayoría funcionan dentro de la vivienda.

Impacto en los negocios

  • 48,7% reporta disminución de ventas; 38,0% bajo flujo de clientes; 20,9% pérdida de inventarios/insumos.
  • 71,6% de las unidades operaba dentro de la vivienda, es así como, el daño habitacional golpea directamente el negocio (mujeres lideran este patrón).
  • 60,4% señala que la afectación limita en un nivel alto o moderado su capacidad de cubrir gastos básicos del hogar.

Principales necesidades expresadas

  • 34,9% capital para recuperar el negocio.
  • 22,5% acompañamiento psicosocial.
  • 21,7% reparación/adecuación de vivienda.
  • 15,1% ayuda humanitaria.
  • 15,0% información y orientación.

Proponemos cinco ejes para la recuperación

  • Enfoque sistémico: Reactivar mercados y cadenas locales, no solo negocios individuales.
  • Enfoque diferencial e interseccional: Priorizar mujeres, jefas de hogar y grupos con mayores barreras previas.
  • Recuperación de capacidades:Capital + asistencia técnica y comercial (no solo dinero).
  • Conexiones de mercado:Estrategia "Conectar para crecer" (ruedas de negocio, showrooms, redes).
  • Enfoque comunitario y territorial:Brigadas móviles, formalización itinerante, redes locales.

En este informe

Parte 1 · El punto de partida

Parte 2 · El hallazgo

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Parte 1

El punto de partida

Qué ocurrió el 10 de agosto y cómo se construyó este diagnóstico.

¿Qué ocurrió el 10 de agosto?

La emergencia que se desencadenó el 10 de agosto de 2026 en el suroccidente colombiano, a raíz de un sismo de magnitud 7.4, es una de las más graves que ha enfrentado la región en años recientes. Los daños en infraestructura y las interrupciones operativas provocaron desplazamientos temporales y pérdidas humanas y materiales devastadoras, y levantaron serias barreras para el comercio local. Por eso la vulnerabilidad económica se agudizó y los medios de vida se deterioraron.

Los daños se concentraron en mayor medida en Cali, Pereira, Manizales, Quibdó, Buenaventura y otros municipios del Valle del Cauca, Cauca, Risaralda y Chocó, área que coincide con la zona de operación histórica de la Fundación WWB Colombia. Según el balance oficial de la UNGRD con corte al 20 de agosto de 2026, la cifra de personas afectadas por el sismo asciende a 282.709 correspondientes a 153.336 familias. En cuanto al impacto humano, el reporte registra 319 personas fallecidas, 4.506 heridas y 260 desaparecidas. Además, se reportan 31.461 viviendas destruidas, 163.492 averiadas y 302 edificios colapsados.

A esas afectaciones se suma el golpe sobre el tejido productivo de la región, de base predominantemente microempresarial. Las regiones golpeadas concentraban, antes del evento, 269.786 empresas y 1.396.020 empleos formales (15% del empleo formal nacional), y el 93 % de esas empresas (250.628) son microempresas, el segmento con menor capacidad para absorber pérdidas, sostener el empleo y reactivar operaciones.

Los primeros resultados del Censo Único de Emergencia, levantado por Confecámaras a partir de una solución de la Cámara de Comercio de Cali, confirman la gravedad. El 85,8% de las empresas encuestadas reportó alguna afectación, el 49,6% de nivel grave o crítico y el 48,4% no puede operar actualmente. Según Forbes (2026), en el plano macroeconómico, una primera estimación de BTG Pactual calcula que la reconstrucción podría superar los 20 billones de pesos (cerca de 1 p.p. del PIB) en un contexto de restricción fiscal que condiciona el alcance y la velocidad de la respuesta pública.

La magnitud de la emergencia desbordó la capacidad de respuesta inmediata de múltiples instituciones y comunidades, con impactos particularmente severos sobre el tejido microempresarial de la región. Para orientar su respuesta, la Fundación WWB Colombia aplicó una encuesta de percepción de afectaciones a la que respondieron 3.906 beneficiarias de los programas Yarú (Virtual, Semipresencial y Rural), Reactívate, Voy de la Mano, 60D y Red de Egresadas, indagando por su salud física y emocional, el estado de su vivienda, el acceso a servicios básicos, la seguridad alimentaria, las condiciones de alojamiento, la situación de su negocio y sus principales necesidades de recuperación.

Este informe analiza la magnitud de la emergencia, caracteriza la situación de la población emprendedora beneficiaria de la Fundación y examina las afectaciones en las dimensiones humana, habitacional y económica. Asimismo, plantea estrategias y recomendaciones basadas en evidencia orientadas a la estabilización y a la articulación de soluciones duraderas que sienten las bases para la recuperación del tejido social, la reactivación empresarial y el desarrollo humano sostenible en la región a través de programas, proyectos y políticas que faciliten la recuperación de la población emprendedora afectada.

¿Cómo se hizo este diagnóstico?

A partir del 13 de agosto, la Fundación desplegó un instrumento de captura de información dirigido a su base de beneficiarias. Al corte del 21 de agosto se consolidaron 3.906 respuestas, que indagan por salud física y emocional, estado de la vivienda, acceso a servicios básicos, seguridad alimentaria, condiciones de alojamiento, situación del negocio y necesidades de recuperación.

Los resultados corresponden a un muestreo no probabilístico y en este sentido, reflejan principalmente la realidad de quienes pudieron ser contactadas, contaban con conectividad y no enfrentaban niveles de afectación tan extremos como para impedirles responder. Por tanto, deben leerse como una radiografía de avance, un insumo indicativo para la toma de decisiones y no como un censo exhaustivo de la población impactada. Es probable que subrepresenten a las beneficiarias más afectadas.

Como criterio transversal, todos los resultados se reportan acompañados de su denominador. Los casos que reportaron situaciones críticas (personas desaparecidas, alojamiento a la intemperie, ausencia de acceso a alimentos o vivienda colapsada) se identificaron de manera individual para su canalización prioritaria hacia las rutas de atención, más allá de su tratamiento estadístico agregado.

Según reportes del Sistema de Naciones Unidas (OCHA, 2026), los impactos más severos se concentraron en los departamentos de Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas. Sin embargo, de este grupo de departamentos, la encuesta concentra el 99,0% de respuestas del departamento del Valle del Cauca, con especial concentración en Cali, Buenaventura, Palmira, Tuluá y Tumaco. Los otros departamentos están totalmente subrepresentados

  • 3.906 respuestas
  • 86,7% mujeres
  • 76,1% Valle del Cauca
  • 147 municipios
  • Corte: 21 de agosto de 2026

¿Cuál fue el impacto del sismo del 10 de agosto de 2026 en las condiciones de vida y los negocios de las beneficiarias de la Fundación WWB Colombia?

Parte 2

El hallazgo

La caída de la demanda fue la principal afección que detuvo a los negocios, más allá de los daños en la infraestructura

¿Qué detuvo a los negocios?

Tres de cada cuatro negocios se detuvieron

El 76.2% de los negocios no estaban funcionando con normalidad al momento de responder la encuesta. Las personas que respondieron la encuesta reportan en gran medida que sus negocios no se encuentran operando con normalidad y nuevamente se logra evidenciar un patrón descendente por niveles de ingreso.

Se trata de negocios mayoritariamente de sectores de comercio y servicios con descripciones de actividad económica de venta de ropa y confecciones, tiendas y comercialización de alimentos, ebanistería, restaurantes y peluquerías, quienes respondieron en mayor proporción la encuesta.

Para los quintiles 1, 2 y 3 el porcentaje de negocios que se encuentran funcionando normalmente es inferior al 20%, para el quintil 4 este porcentaje asciende al 29,5% y ya para el quintil 5 la proporción es de 31,7%. La combinación de ingresos bajos, micronegocios de subsistencia y no operatividad normal deja a estos hogares en una situación crítica frente a la emergencia, ya que en su mayoría los ingresos que puedan generar a través del negocio corresponden a una gran parte de los ingresos del hogar.

¿El negocio funcionaba con normalidad?

Porcentaje por quintil de ingreso · Muestra emparejada N = 2.697

Quintil 5+ $2.000.000
31,7%
68,3%
Quintil 4$1.500.000–$2.000.000
29,5%
70,5%
Quintil 3$1.000.000–$1.500.000
18,7%
81,3%
Quintil 2$600.000–$1.000.000
18,3%
81,7%
Quintil 1– $600.000
14,8%
85,2%
Funcionando normalmente
Sin funcionamiento normal
Fuente: Encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Cálculos de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia.
Nota: Se realiza con información de las ventas del negocio cuando las beneficiarias estuvieron en los programas de Fundación, por esto el N es menor.

El 71,6% de las beneficiarias (2.796) tiene su negocio en la misma vivienda, de modo que el destino del engocio quedó estrechamente ligado al de la casa. El 21,5% (838) opera en un local independiente y el 7% (272) lo hace en un puesto en la calle. Sin importar dónde funcionaban, cerca de la mitad reportó algún tipo de daño.

Si el negocio está en la vivienda
45,6%
sufrió afectaciones leves o graves
Si el negocio está en un local
49,4%
sufrió afectaciones leves o graves

Los negocios se detuvieron porque el entorno económico se contrajo y porque, para siete de cada diez, la vivienda y la unidad productiva comparten el mismo techo. Las afectaciones más reportadas son comerciales. Afectaciones en caída de ventas y menos clientes encabezan la lista, muy por encima del daño en maquinaria o pérdida de inventarios.

¿Qué tipo de afectación enfrentó el negocio?

Negocios que reportó cada afectación · Respuesta múltiple · N = 3.906

01
48,7% enfrenta disminución de ventas.
02
38,0% enfrenta bajo flujo de clientes.
03
20,9% enfrenta pérdida de inventarios e insumos.
04
15,1% enfrenta dificultades emocionales y físicas para atender el negocio.
05
11,3% enfrenta dificultad para conseguir insumos.
06
10,4% enfrenta daño en maquinaria y equipo.
Fuente: Encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Cálculos de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia.

Afectaciones estructurales en el negocio:

“Físicamente estamos bien pero nos quedamos sin casa, sin cosas, estamos quedándonos donde una amiga, perdí insumos, inventario y herramientas de trabajo, ahora mismo estoy sin casa empezando por ahí y yo operaba desde mi hogar así que todo está afectado”

Emprendedora de Cali Yarú Semipresencial

“En el punto donde realizo producción y venta colapsaron algunas vigas y parte del techo se vino abajo con su estructura. El sitio permanece cerrado por seguridad y no se puede habitar afectando directamente la producción y las ventas de mi negocio”

Emprendedor de Cali Yarú Semipresencial

En síntesis

Reponer infraestructura, por sí solo, no reactivará estos negocios, aunque hubo daños materiales, las principales afectaciones están en la demanda, clientes, flujo de caja, capital para trabajar. El resto del informe sigue el rastro de esa parálisis hasta dentro de cada hogar.

Parte 3

Lo que eso significa

Cómo esa parálisis atraviesa el lugar de trabajo, el presupuesto del hogar y a quien lo sostiene.

El lugar de trabajo · Vivienda y servicios

Recuperar el negocio para recuperar el hogar

Si la casa es el negocio, su estado deja de ser un asunto doméstico. El daño habitacional fue moderado, pues el 53,3% de las encuestadas reportó su vivienda sin daños y el 39,0% con daños leves, de modo que la vivienda inhabitable, por daños graves o colapso, alcanza al 7,7% de los hogares.

Daños leves

N=1.523
  • El 87,6% continúa en su residencia habitual.
  • El 11,9% se alojó temporalmente con familiares o amigos.
  • El 0,6% pernocta en albergues o a la intemperie.

Daños graves

N=252
  • El 67,5% fue acogido por redes familiares o vecinos.
  • Un 29,8% permanece en la vivienda averiada (riesgo latente).
  • El 2,8% acudió a albergues o permanece a la intemperie.

Pérdida total

N=47
  • El 78,7% fue reubicado con familiares o amigos.
  • El 12,8% se encuentra en albergues temporales o a la intemperie.

¿Se distribuyó ese daño de forma pareja? Al ordenar a las encuestadas por quintiles de ingreso aparece un patrón descendente, a menor ingreso, mayor proporción de viviendas con daños.

Afectaciones a la vivienda según ingresos

Quintiles de ingreso por ventas · N = 2.697

En el quintil 1, ingresos por debajo de los $600 mil pesos, el 56,3% reportó daños. En el quintil 5 la cifra baja a 39,6%. La brecha existe, pero la proporción sigue siendo alta en todos los grupos y los hogares hasta el quintil 4 no alcanzan el salario mínimo en ventas, todos tienen márgenes limitados para reparar.

Quintil 5+ $2.000.000
60,4%
39,6%
Quintil 4$1.500.000–$2.000.000
57,8%
42,2%
Quintil 3$1.000.000–$1.500.000
49,8%
50,2%
Quintil 2$600.000–$1.000.000
48,6%
51,4%
Quintil 1– $600.000
43,7%
56,3%
Sin daños
Daños leves o graves
Fuente: Encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Cálculos de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia. Corresponde a las beneficiarias con información de ingresos disponible en los registros de la Fundación.
Nota: Se realiza con información de las ventas del negocio cuando las beneficiarias estuvieron en los programas de Fundación, por esto el N es menor.

El regreso de los servicios públicos, uno a uno

Hogares con el servicio restablecido · N = 3.906

Al espacio se suma la infraestructura que lo hace funcionar. Los servicios se recuperaron de forma desigual, y el que más tardó es el que más usan estos negocios para vender, el internet. La energía volvió primero (93,2%), seguida del agua. El internet quedó último, donde cerca de un tercio sigue sin conectividad.

No es una carencia menor para estos negocios: buena parte vende y coordina pedidos por WhatsApp. El dato también respalda la advertencia metodológica de que las más afectadas difícilmente pudieron responder.

Porcentaje de beneficiarias con acceso a servicios

0,0%
Con acceso
Fuente: Encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Cálculos de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia.

Afectaciones estructurales del hogar:

“Lamentablemente fue muy fuerte porque tuvimos que desalojar la casa y por el momento todo está donde un vecino guardado y nosotros viviendo donde un familiar esperando que pase todo, no pensábamos que fuera a pasar algo así que nos perjudicara tanto”

Emprendedora de Buenaventura Yarú Semipresencial

“En mi casa se separaron un poco algunas paredes de la columna, ladrillos flojos, algunas paredes flojas, caída del cemento de una parte de una columna, quiebre de un vidrio, se movió el techo, se corrieron las tejas dejando un espacio entre las paredes”

Emprendedora de Cali Yarú Semipresencial

En síntesis

El daño estructural no distingue entre casa y negocio: cuando la vivienda se resiente, el taller, la bodega o el punto de venta se resienten con ella. Reparar el hogar es, para buena parte de estas emprendedoras, la condición previa para reabrir el negocio.

Si el negocio no vende y el negocio es el ingreso, ¿de qué vive la casa?

La consecuencia · El presupuesto del hogar

La parálisis llega a la mesa

La afectación del negocio se traslada de forma directa a la economía doméstica. Consultadas sobre en qué medida las afectaciones de su negocio han limitado la capacidad del hogar para cubrir gastos básicos, seis de cada diez hogares reportan una limitación alta o moderada.

¿En qué medida la afectación del negocio limitó la capacidad del hogar para cubrir gastos básicos?

27,7%
No alcanza para lo básico. El negocio ya no genera lo suficiente para cubrir los gastos esenciales del hogar.
32,7%
Alcanza, pero muy ajustado. Cubren lo básico con dificultad y recortando otros gastos.
18,6%
Se nota, pero no aprieta. El efecto en el presupuesto del hogar es leve.
21,0%
Sin efecto. El hogar sigue cubriendo sus gastos con normalidad.

La interrupción del negocio no es un problema exclusivamente empresarial tanto que compromete la subsistencia del hogar. Cuando el ingreso del negocio y el gasto de la casa se sostienen sobre la misma persona, reactivación productiva y estabilidad doméstica son una sola tarea.

El indicador más concreto de ese apretón es la comida. El 80,0% reportó alimentación suficiente en la vivienda y el 8,3% accedía a ella mediante ayudas o comedores comunitarios; el 11,7% restante declaró necesitar apoyo. En conjunto, una de cada cinco depende de un apoyo externo o lo requiere para alimentarse.

En síntesis

Seis de cada diez hogares ven limitada su capacidad de cubrir gastos básicos y una de cada cinco necesita apoyo alimentario. La ayuda humanitaria y la reactivación corren en paralelo, no una después de la otra.

¿Quien lo sostiene? · Afectación física y emocional

La incertidumbre también es una pérdida

El 18,6% de las personas encuestadas se declara tranquila. El 81,4% restante reporta sentirse alterada o muy afectada, esta es una dimensión del impacto que requiere especial atención.

Todo lo anterior recae sobre una misma persona, la que atiende el negocio, administra la casa y sostiene el cuidado. Aunque el daño corporal fue acotado, el 8,2% reportó alguna afectación física en el hogar (321 beneficiarias) y el 0,7% la desaparición de un familiar (26). La afectación emocional, en cambio, es generalizada

¿Cómo describirías tu estado emocional en este momento?

Distribución de respuestas · N = 3.906

36,0%
Muy afectada / angustiada
45,4%
Un poco alterada
18,6%
Tranquila / estable
Fuente: Encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Cálculos de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia.

Es la misma parálisis de los capítulos anteriores, vista desde el centro.

“Nos falta paz y mucha tranquilidad, no podemos dormir en las noches, tenemos los nervios alterados, inestables totalmente, sentimos mucha angustia de estar dentro de la casa por temor a otra sacudida”

Emprendedora de Cali Yarú Semipresencial

“... lo que tengo ahora es mucho miedo e incertidumbre la verdad me siento desconcentrada por todo lo que pasó y no me siento en condiciones de realizar mi trabajo”

Emprendedora de Pradera Yarú Virtual

En síntesis

Ocho de cada diez reportan alguna alteración emocional. Por eso el acompañamiento psicosocial no es un anexo de la reactivación económica: es una condición para que ocurra.

Parte 4

Hacia dónde

Lo que las propias emprendedoras señalan como prioritario y qué implica para la respuesta.

¿Cómo lo cuentan ellas mismas? · Las voces

¿Cómo lo cuentan ellas mismas?

¿Qué muestran los datos cualitativos?

El análisis cualitativo de la encuesta se centró en la codificación de la pregunta abierta: “¿Qué impacto ha tenido el sismo en tu hogar o negocio?”. A partir de un corpus de 3.685 respuestas, se extrajo un total definitivo de 857 citas codificadas (cada una corresponde al testimonio de un participante diferente).

El proceso de codificación fue inductivo, es decir que las categorías de análisis emergieron a partir de los discursos de las personas encuestadas, esto dio como resultado un libro de códigos definitivo compuesto por 30 códigos individuales agrupados en seis macro-dimensiones de impacto:

Impacto económico y financiero
  • Aumento de costos de insumos
  • Colapso de fuente de ingresos
  • Deudas
  • Disminución de ventas
  • Pérdida de inventario
Impacto en infraestructura, entorno y servicios
  • Daños estructurales (hogar)
  • Daños estructurales (negocio)
  • Daños estructurales (sin especificar)
  • Desalojo de vivienda
  • Inseguridad en el sector
  • Servicio de agua interrumpido
  • Servicio de electricidad interrumpido
Impacto en la demanda y comportamiento del consumidor
  • Cambios en comportamiento de clientela
  • Disminución de ventas
Impacto en operatividad y funcionamiento del negocio
  • Ausentismo de empleados
  • Destrucción de cultivos (rural)
  • Disminución de la actividad productiva
  • Freno total de la actividad productiva
  • Pérdida de herramientas de trabajo
  • Pérdida de insumos
  • Poca disponibilidad de insumos
Impacto psicosocial
  • Angustia
  • Ansiedad
  • Frustración
  • Incertidumbre
  • Miedo
  • Preocupación
  • Tristeza
Vulnerabilidad del núcleo familiar
  • Afectaciones familiares
  • Disminución de ingreso familiar
  • Problemas de salud

Al evaluar las categorías con mayor frecuencia de aparición en los discursos se evidencia que, de acuerdo con las personas emprendedoras, el impacto del terremoto se concentra principalmente en tres afectaciones: la disminución de ventas (perteneciente a la dimensión económica), el sentimiento de miedo (dimensión psicosocial) y el freno total en la actividad productiva (dimensión operativa), tal como se observa en la nube de palabras.

Nube de palabras reiterativas en el discurso

Códigos más recurrentes en los 857 testimonios codificados

Deudas Preocupación Angustia Miedo Ansiedad Incertidumbre Disminución de ventas Problemas de salud Frustración Tristeza Freno total de actividad productiva Pérdida de inventario Colapso fuente de ingreso
Fuente: Codificación cualitativa de la pregunta abierta de la encuesta de percepción de afectaciones, agosto de 2026 · Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia.

El comportamiento de cada una de estas dimensiones se encuentra estrechamente vinculado entre sí, con una tendencia al encadenamiento entre categorías. Esto implica que para comprender la magnitud y complejidad del impacto es necesario deconstruir las experiencias de las personas emprendedoras, a partir del análisis de cada una de las macro-dimensiones identificadas.

Impacto económico y financiero

El terremoto tuvo efectos inmediatos a nivel económico y financiero al fracturar las redes de subsistencia y el tejido comercial local de las personas emprendedoras, lo cual deja a las familias en un estado de alta vulnerabilidad material.

El fenómeno más recurrente refiere a la disminución de ventas y el flujo de clientes que actúa como el epicentro de la crisis económica en los hogares. Los testimonios indican una alteración en el comportamiento social y de consumo, las demandas se concentran en suplir las necesidades básicas y apoyar a los damnificados, y dejan por fuera a los emprendimientos que no ofrecen bienes de primera necesidad, particularmente los vinculados al sector de servicios. Esta contracción ha implicado que algunas personas emprendedoras vean su actividad económica totalmente detenida o con un nivel de operatividad mucho menor que antes del sismo. Para las personas cuyo núcleo familiar depende exclusivamente o mayoritariamente de las ventas generadas por el emprendimiento, este fenómeno pone en riesgo la continuidad a futuro de la actividad productiva y compromete gravemente la integridad de las familias.

Otro efecto inmediato altamente reportado fue la pérdida o colapso total de las fuentes de ingreso, es decir, el sismo destruyó el anclaje económico y los medios materiales que garantizaban el sustento diario familiar. La pérdida total se reportó en mayor medida en lugares como Cali, Buenaventura y Timbiquí, en donde manifestaron quedarse sin la infraestructura mínima necesaria para intentar una reactivación. La desestabilización repentina del entorno social afecta a la vez lo psicológico, lo económico y lo social.

Finalmente, el endeudamiento emerge como un factor crítico, que en este punto ancla a las personas a la crisis. Múltiples relatos destacan que el sismo ocurrió poco antes de eventos culturales y ferias comerciales importantes en la región, como el Festival Petronio Álvarez (Cali) o la Fiesta Nacional de la Agricultura (Palmira), para los cuales las personas emprendedoras habían adquirido préstamos económicos e invertido tiempo y dinero en la compra de insumos y el aumento del inventario. La cancelación de estas festividades dejó productos represados, insumos totalmente dañados y deudas con entidades bancarias y prestamistas particulares, lo que consolida la asfixia financiera en un momento de vulnerabilidad y recesión económica para estos emprendimientos, y compromete su capacidad de recuperación a corto y mediano plazo.

Impacto en infraestructura, entorno y servicios

El hallazgo más crítico reside en la indisolubilidad del espacio doméstico y el espacio laboral. Los daños estructurales reportados en los hogares, los negocios y aquellos sin especificar documentan un panorama de destrucción que incluye techos caídos, muros colapsados y cimientos inestables. Para esta población, la vivienda es simultáneamente su taller, su bodega y su punto de venta, por lo tanto, el deterioro físico de la casa se traduce en una parálisis inmediata de su capacidad para generar sustento, una doble vulnerabilidad en la que se pierde el refugio y el medio de vida al mismo tiempo.

Esta precariedad habitacional ha desencadenado procesos de desplazamiento interno, evidenciados en el desalojo de viviendas. Ante el riesgo inminente de derrumbe, múltiples familias han tenido que abandonar sus hogares para refugiarse en casas de familiares, amigos o vecinos, lo que implica una desarticulación de su cotidianidad y un desarraigo de su entorno comunitario. Este nomadismo temporal agrava la crisis económica, pues las personas emprendedoras se ven obligadas a dejar atrás sus herramientas e insumos, lo que imposibilita cualquier intento de continuidad laboral.

Finalmente, el sismo agudizó la vulnerabilidad social mediante el incremento de la inseguridad territorial. Las narrativas exponen que el caos post-sismo y la desolación de las calles exacerbaron el miedo al hurto. Los testimonios documentan el ingreso de ladrones a viviendas que tuvieron que ser evacuadas, lo que consolida una percepción de amenaza constante en la comunidad.

Impacto en la demanda y comportamiento del consumidor

Si bien, en categorías anteriores, se evidencia cómo el sismo alteró el comportamiento del ecosistema social y comercial en el que operan los emprendimientos locales, en este caso, se hace hincapié en la reconfiguración de las prioridades de consumo de la población.

Las narrativas ilustran la transformación inmediata del entorno de mercado. Tras el sismo, la demanda habitual desapareció y dejó a los negocios en un estado de estancamiento. Este fenómeno se asocia directamente a la incertidumbre y el miedo, los cuales inmovilizan a los compradores y los mantienen en un estado de alerta que desincentiva la circulación en el espacio público y la adquisición de bienes que no son de primera necesidad. A esto se suma que las alteraciones en la movilidad y la modificación de rutas de transporte, especialmente en Cali, provocaron que algunas zonas presentaran poca afluencia de transeúntes, con lo cual algunos emprendimientos quedaron con pocas oportunidades de clientela.

Impacto en operatividad y funcionamiento del negocio

Las narrativas evidencian que el cese de las actividades económicas trasciende la simple falta de demanda, pues se ancla de manera directa en la desarticulación material de los emprendimientos, desde la destrucción física de herramientas, maquinaria y mobiliario, hasta la severa interrupción de sus cadenas de suministro.

Al tratarse predominantemente de economías de subsistencia que dependen de los ingresos del “día a día”, estas unidades productivas carecen de la liquidez o el colchón financiero necesario para soportar periodos prolongados de inactividad, lo que compromete severamente su viabilidad a futuro.

Por otra parte, se evidencia la vulnerabilidad material de los oficios, a través de las pérdidas de herramientas de trabajo y la pérdida de insumos. Los relatos detallan la destrucción de elementos vitales como vitrinas de exhibición quebradas, máquinas de coser dañadas, computadores averiados, licuadoras industriales y equipos de belleza arruinados tras la caída de muros y techos, entre otros. Paralelamente, la pérdida de materias primas representa un golpe devastador al capital de trabajo. Esta merma ocurrió tanto por el impacto físico del sismo, que destrozó envases de vidrio con esencias y licores, como por el daño colateral derivado de la interrupción del fluido eléctrico. En el contexto rural e interurbano, esta destrucción se manifestó de forma particular en la afectación de los cultivos y las fincas, donde los movimientos telúricos provocaron la apertura de terrenos, el cierre de caminos, la caída de plantaciones enteras, el escape de animales y la imposibilidad de realizar labores de recolección de las cosechas.

El tejido logístico y las redes de proveeduría sufrieron igualmente una severa fractura, evidenciada en la poca disponibilidad de insumos.

Impacto psicosocial

La alteración violenta y repentina del entorno físico, de la cotidianidad y de las redes de apoyo se ha traducido en una desestabilización emocional severa, donde el miedo emerge como la emoción central y organizadora de la realidad. Las narrativas muestran que este temor persiste más allá del momento del terremoto y reconfigura la relación de las personas con su espacio vital. Se evidencia un estado de hipervigilancia constante, alimentado por la ansiedad y la angustia, en el cual cualquier estímulo sonoro o alteración mínima del entorno detona el pánico ante la posibilidad de nuevas réplicas. Este estado de alerta ha modificado las dinámicas de habitabilidad, pues genera dificultades para conciliar el sueño y un profundo temor a separarse del núcleo familiar, particularmente de niños, niñas, adolescentes y adultos mayores (personas que demandan cuidados o atención especial), así como a reingresar a infraestructuras que antes representaban refugio y sustento, y que actualmente se leen como lugares inseguros.

Esta tensión psicológica sostenida trasciende la esfera mental y se manifiesta en algunos casos en respuestas somatizadas, en donde se documenta cómo la preocupación y el estrés constante genera dolores de cabeza, adormecimiento de las manos, episodios de vértigo, náuseas, crisis nerviosas y una sensación persistente e ilusoria de que la tierra continúa en movimiento. A esta vulnerabilidad física y emocional se suma una capa de incertidumbre que anula la capacidad de proyección temporal de las familias. La incapacidad de prever el futuro inmediato, combinada con la presión ineludible de las obligaciones económicas y la parálisis de sus unidades productivas, sumerge a las personas emprendedoras en un estado de asfixia y agrava la respuesta emocional a futuro, en especial para las personas que vivieron episodios traumáticos vinculados a la pérdida de familiares, amigos, conocidos o del hogar o negocio.

Simultáneamente, el impacto psicosocial devela una fuerte dimensión colectiva que moldea e inhibe la recuperación individual. La tristeza y la frustración documentadas no surgen únicamente de las afectaciones materiales propias, sino del dolor al presenciar la devastación de su comunidad y la pérdida de vidas a nivel nacional. Los discursos exponen un fenómeno de dolor solidario, donde las personas emprendedoras expresan sentir conflicto ético, vergüenza o una profunda falta de ánimo para ofrecer sus productos frente a la magnitud de la tragedia ajena. Esta carga emocional, acompañada de episodios de depresión y llanto recurrente, actúa como un bloqueador psicológico que les imposibilita retomar sus actividades comerciales con normalidad. En consecuencia, la recuperación del sector se ve obstaculizada no sólo por la destrucción física de la ciudad, sino por un duelo colectivo que desmotiva la acción individual y redefine las prioridades vitales de la población afectada.

Vulnerabilidad del núcleo familiar

Finalmente, en esta categoría los discursos demuestran que la familia actúa como el principal amortiguador frente a la crisis, pues absorbe los choques económicos, físicos y emocionales; esto a su vez genera una sobrecarga que amenaza con colapsar la estabilidad social de los hogares y, a nivel individual, afecta especialmente a las personas que asumen las cargas económicas o de cuidado en sus núcleos familiares.

Las personas encuestadas relatan la necesidad urgente de socorrer a parientes cercanos, como abuelos, madres o primos, que perdieron sus viviendas de manera total, lo que ha derivado en un hacinamiento en dónde múltiples familias, o grupos enteros de parientes, comparten espacios prestados para sobrevivir. Esta aglomeración se cruza con situaciones de vulnerabilidad anteriores al sismo, como el cuidado de niños, niñas y adolescentes con enfermedades de base o discapacidad, adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas o terminales. Adicionalmente, el entorno familiar absorbe el luto y la tragedia comunitaria, como lo expresan los testimonios sobre la pérdida de vecinos, profesores y compañeras de colegio de los menores, o la angustia sostenida por familiares que sufrieron lesiones, fracturas y/o accidentes directos durante los derrumbes.

Esta sobrecarga de cuidado colisiona con otra problemática referente a la disminución de los ingresos familiares, la cual expone una parálisis económica que permea todo el ecosistema del hogar. La contracción financiera no recae únicamente sobre el emprendimiento, sino que se extiende a parejas e hijos, quienes también han perdido sus empleos o fuentes de sustento por la destrucción de empresas locales o los problemas de movilidad urbana. Se documentan casos donde los proveedores principales que laboran como conductores de plataformas de transporte, domiciliarios independientes o comerciantes han quedado inoperantes, y hasta 3 de cada 5 miembros de un núcleo familiar se encuentran desempleados repentinamente. Esta carencia de ingresos colectiva agota velozmente el capital de trabajo y los ahorros, y deja a los hogares con dificultades para adquirir la alimentación básica, mientras la paralización económica agrava la dependencia mutua.

Por último, el sismo provocó lesiones directas, caídas y traumas físicos en algunas de las personas emprendedoras, lo que genera incapacidad para desarrollar la labor productiva.

Las necesidades · Prioridades expresadas

Lo que piden las emprendedoras

La encuesta cerró preguntando por las necesidades de recuperación. El orden de las respuestas es coherente con el diagnóstico anterior: el capital encabeza la lista, pero el acompañamiento psicosocial aparece en segundo lugar, por encima incluso de la reparación de la vivienda.

34,9%
Capital para recuperar el negocio. Reposición de infraestructura, maquinaria, equipos, herramientas o insumos.
22,5%
Acompañamiento psicosocial y emocional. Segunda prioridad general.
21,7%
Adecuación o reparación de la vivienda. Que en siete de cada diez casos es también el lugar de trabajo.
15,1%
Ayuda humanitaria. Alimentos, agua y elementos de primera necesidad.
15,0%
Información y orientación. Sobre las ayudas y servicios disponibles.

La proximidad entre las tres primeras categorías es en sí misma un hallazgo: las necesidades no se ordenan en fases sucesivas (primero el techo, después el negocio, más adelante lo emocional), sino que coinciden en el mismo hogar. Una respuesta que atienda solo una dimensión dejará las otras dos operando como freno.

En síntesis

Capital, acompañamiento emocional y reparación de vivienda aparecen casi empatados. Son tres caras de la misma necesidad, no tres momentos distintos de la respuesta.

Las recomendaciones · Cinco ejes para la recuperación

Tres fases, un mismo proceso

La atención y el proceso de recuperación post-desastre es una tarea que requiere esfuerzos de muchos actores y en fases que precisan la comprensión de las realidades de la población afectada, así como de las pérdidas ocasionadas. En este sentido, una primera fase de intervención está atravesada por cubrir las necesidades básicas en materia de atención humanitaria que se da principalmente en el corto plazo, pero que es necesaria en todo momento para la población afectada, en especial que no haya personas o familias desamparadas en los aspectos mínimos vitales.

La segunda fase se entiende como un proceso de reactivación que se enfoca en proveer los medios de vida que se han visto afectados, como infraestructura crítica, medios de vida y obtención de ingresos económicos, y logra mejoras en el mediano plazo. Por último, una fase de recuperación, cuyo horizonte es el largo plazo, busca reconstruir mejor (building back better), cuyo principio busca fortalecer las instituciones y las capacidades necesarias para enfrentar situaciones similares en el futuro y mejorar las condiciones de vida de las personas.

Corto plazo

Atención humanitaria

Cubrir lo básico. Que ninguna familia quede desamparada.

Mediano plazo

Reactivación

Restablecer medios de vida: infraestructura e ingresos.

Largo plazo

Recuperación

Building back better: más capacidad para el próximo choque.

Focalizar bien exige un buen diagnóstico. De ahí surgen cinco ejes, con foco en la reactivación de emprendimientos: la experiencia del Eje Cafetero (1999) y Ecuador (2016) coincide en que el capital solo no basta.

Reconstruir mejor

La reactivación es una tarea de mediano y largo plazo, no una intervención puntual, primero una transferencia o kit productivo, luego capital de trabajo y asistencia técnica, y cuando exista capacidad, financiación para crecer. Un seguimiento a 12, 24 y 36 meses permitiría medir supervivencia empresarial, recuperación de ingresos y empleo, bajo el principio de building back better, que apunta a lograr recuperar lo perdido y dejar a las emprendedoras en niveles mucho más altos de los que estaban. Llevarlas a más.

El desafío · Prioridades para la respuesta

Reconstruir sin devolverlas al punto de partida

Los resultados dibujan un patrón coherente. El sismo dejó una afectación física y estructural moderada, con viviendas y locales mayoritariamente en pie, junto con una afectación económica y emocional de mayor alcance. El mecanismo de transmisión dominante fue la contracción de la demanda sobre negocios de subsistencia estrechamente ligados a la vivienda, más allá de la destrucción de activos.

  • 76,2% de los negocios no operaba con normalidad, frente a apenas 11,0% de locales inutilizables.
  • 47,1% había cesado por completo su actividad.
  • 60,4% de los hogares reporta una limitación alta o moderada para cubrir gastos básicos.
  • 81,4% de las personas encuestadas se declara un poco alterada o muy afectada emocionalmente.

La jerarquía de necesidades ofrece una guía clara para la respuesta de la Fundación: priorizar el capital para la reactivación, integrar el acompañamiento psicosocial como parte de esa reactivación y no como un anexo, articular la reparación de la vivienda con la del negocio, y activar una ruta inmediata para los casos críticos.

Una ventana de reconstrucción que coincide con un nuevo riesgo climático

La fase de reactivación y recuperación que este informe recomienda no ocurre en un escenario neutro. El IDEAM advierte que el fenómeno de El Niño, ya en curso, tiene una probabilidad superior al 90% de persistir hasta el primer trimestre de 2027 y un 69% de probabilidad de alcanzar su intensidad más fuerte entre octubre y diciembre de 2026, justo el periodo en el que se concentrarían los esfuerzos de reactivación de los negocios afectados por el sismo.

Para el Valle del Cauca, donde se ubica el 76,1% de las beneficiarias encuestadas, el riesgo es una presión que las autoridades y los operadores de servicios públicos ya están gestionando. En Cali, que concentra el 37,1% de las respuestas, Emcali activó de manera anticipada su Plan de Contingencia por Estiaje para el suministro de agua y reforzó el monitoreo de sus subestaciones eléctricas ante un incremento en el consumo de energía. En el resto del departamento, Acuavalle pidió a más de 255.000 suscriptores en 33 municipios adoptar medidas urgentes de ahorro. En Buenaventura, segundo municipio con más respuestas (9,4%), el riesgo ya se materializó, se ha encontrado que el descenso del río Escalerete obligó a suspender temporalmente el suministro de agua en varios barrios. A esto se suma la advertencia departamental sobre la agricultura, la ganadería y la caña de azúcar, sectores donde ya se habían reportado afectaciones en municipios como Andalucía, Jamundí, Bolívar y Pradera.

Esto es relevante porque el propio diagnóstico de esta encuesta ya identificó a la ruralidad como una fuente adicional de vulnerabilidad para las emprendedoras agropecuarias. Reconstruir sin considerar este riesgo expondría a la población beneficiaria a un segundo choque, esta vez anticipable, sobre una base que el sismo ya dejó debilitada.

Por eso, la recuperación debería incorporar, de manera transversal a los cinco ejes propuestos, criterios de resiliencia hídrica y climática por un lado priorizar en la reconstrucción de vivienda y negocio soluciones de almacenamiento y uso eficiente del agua, anticipar apoyos específicos para emprendedoras rurales y agropecuarias ante el estrés hídrico proyectado, y por otro lado, coordinar con los operadores y autoridades locales, Emcali en Cali, Acuavalle en el resto del departamento, el monitoreo de los municipios donde coinciden la afectación por el sismo y el riesgo climático de El Niño. Building back better, en este contexto, significa también reconstruir para el próximo semestre seco, no solo para el próximo sismo.

Reparar lo que el sismo dañó no basta.

El reto es evitar que un choque como este devuelva a las emprendedoras al punto de partida del que venían saliendo.

Bibliografía